Una curiosa selección de palabras para describir algo que, en realidad, se siente mucho más simple: regresar a los lugares y a la forma de mirar que me formaron.


Tal vez suene acartonado decirlo así, pero con el tiempo uno se da cuenta de que la tecnología, las cámaras nuevas y perfectas, y la comodidad del estudio también pueden ir alejándolo lentamente de aquello que lo hizo empezar.





Volver a la calle, para mí, significa regresar a la escena viva de una ciudad que sigue teniendo hambre de algo distinto. Una ciudad que, a pesar de todo lo que no puede controlar, sigue respirando cultura, carácter y ganas de verse mejor.

Ahí, entre esas calles que recorrí tantas veces, volvió algo que creía medio dormido: esa sensación de frescura, de seguridad creativa, de saber que las buenas fotos aparecen cuando el mundo real entra al encuadre.

Balva y yo quedamos de hacer unas fotos cute, desinhibidas y cómodas, sin mucha pretensión, solo dejándonos llevar por el lugar.






El resultado fue un shooting chingón.
Natural. Fresco.

Y sobre todo, un recordatorio de que a veces volver no es retroceder, sino reencontrarse con lo que todavía funciona.